"Año de la Consolidación Económica y Social en el Perú"
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por el Restablecimiento de la Constitución de 1979

Para comprender la importancia de lo que significa la restitución de la Constitución de 1979, hay que hacer un repaso a la historia que envolvió la dación de la Carta Magna de Víctor Raúl Haya de la Torre. Ante todo hay que recordar que en las elecciones de 1978, de los asambleístas que crearían el texto de la Ley de Leyes, Víctor Raúl obtuvo un millón 38 mil 516 votos, convirtiéndose en el primero en las preferencias del pueblo. Siempre fue así. En torno a lo que sería su ingreso al Palacio Legislativo como Presidente de la Asamblea Constituyente, se creó gran expectativa.

Por primera vez en su vida, el líder que había ganado tres elecciones presidenciales y en las tres había sido arteramente despojado de su derecho a conducir la nación por la voluntad del pueblo, recibiría el saludo oficial que se le rinde a un jerarca.

Su ingreso al Hall de los Pasos Perdidos fue de antología. Palomas revoloteando y la guardia más marcial que nunca, avisaban del ingreso del patricio. Luego de rendir homenaje al pabellón nacional, se encaramó felinamente en la mesa directiva.

Entre aplausos interminables y vigorosos de la representación nacional, ofrecería un vibrante discurso que se convertiría en inspiración para los ahí presentes en lo que luego se convertiría la más lograda Carta Magna de nuestra historia republicana. Presidiendo la Asamblea, Víctor Raúl demostraría sus dotes de padre, maestro y guía que siempre lo caracterizaron. Le agradaba el buen discurso así fuera del rival político. Le desagradaba el mal discurso aunque fuera del hermano.

Lo que gestarían luego esos políticos decentes y doctos pertenecientes a partidos políticos como el APRA, el Partido Popular Cristiano (PPC), la Unión Nacional Odriísta (UNO) y el FRENATRACA, entre otros, sería un texto consensuado que promovía el bienestar general basado en la justicia, el desarrollo descentralizado del país y la supresión de toda forma de explotación del hombre por el hombre e impulsaba la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina, como previo paso a la formación de la Comunidad Latinoamericana de Naciones.

La firma de la Constitución por el Presidente de la Constituyente estuvo envuelta de toda una serie de anécdotas, algunas tristes pero imposibles de callar. Wilbert Bendezú Carpio, entonces líder de la juventud aprista, fue parte de esta historia, pues fue testigo de cómo Víctor Raúl, desahuciado por una terrible enfermedad que había mermado sus facultades físicas, ensayaba en hojas en blanco lo que sería la rúbrica que pondría para firmar la Carta Magna. Bendezú, entendiendo el significado de este hecho histórico, conservó las hojas donde el líder ensayó su rúbrica. El maestro Luis Alberto Sánchez cuenta con lujo de detalles los pormenores de lo que significó la firma del líder en la Constitución de 1979: "En la Asamblea yo había planteado a la Junta Directiva tomar el acuerdo de que Víctor firmase la Constitución, cuyo debate llegaba a su término. En esos días, en la Junta Directiva, sólo había tres miembros apristas, Jorge Lozada Stambury, Carlos Roca Cáceres y yo; los miembros del Partido Popular Cristiano, eran Alayza Grundy, Moisés Woll y Rafael Vega García, y había un séptimo miembro, Adrianzén, de los registros de la UNO, quien en los últimos meses se había convertido en un entusiasta copartícipe de muchas de las iniciativas de la izquierda marxista.

Los miembros del PPC aceptaban y hasta impulsaban la idea de que Víctor firmase la Constitución en reconocimiento a su tenaz campaña política y a su investidura de Presidente Titular de la Asamblea y a la forma como había logrado imponer su autoridad sin violencia, con talento y finura; sin embargo objetaban que, dadas las condiciones físicas en que se encontraba así como su situación legal de presidente con licencia, y considerando la delicadeza e importancia del acto de firmar la Constitución fuera de la sede de la Asamblea y sin la presencia del Plenario, convenía rodear aquel acto excepcional con las mayores garantías. Yo alegué, entre otros argumentos, que cuando Raúl Porras se hallaba enfermo y el Presidente Prado lo ratificó como miembro de Relaciones Exteriores, la ceremonia del juramento se llevó a cabo en el domicilio particular de Porras, en la calle Colina de Miraflores, a donde acudieron Prado, su Primer Ministro y los demás miembros del Gabinete. Yo asistí a esa ceremonia.

Pero el Dr. Alayza fue muy claro: ellos aceptaban que Haya firmase la Constitución en su casa, en su lecho de enfermo, siempre que el acto se realizara en presencia de toda la Junta Directiva de la Asamblea, y con la de sendos delegados de los grupos políticos, el Oficial Mayor, los edecanes militares y de policía; además, pedía la presencia de por lo menos un delegado de la prensa nacional, otro de la prensa internacional y un fotógrafo.

Ese numeroso séquito iba a impresionar desfavorablemente la salud del Viejo y que, lejos de contribuir a alentarlo lo deprimiría peligrosamente.

Los miembros del PPC no cedieron sino en un punto después de varios días: suprimir la presencia de los delegados de los partidos… En la mañana del 12, no se había solucionado aún el problema de la firma de Haya de la Torre. A eso de las diez de la mañana llegó a la Presidencia del Congreso el asambleísta Andrés Townsend; también ingresaron otros asambleístas entre ellos Fernando León.

Townsend me informó que muy temprano Jorge Idiáquez le había telefoneado que una persona amiga de Luis Bedoya Reyes, el líder del PPC, había conversado con éste, sobre el asunto de la firma y que Bedoya tendría mucho gusto de entrevistarse con Townsend.

Townsend me pidió instrucciones y se dirigió al encuentro del líder del PPC. Mientras tanto, se realizaba una movilización general de periodistas y fotógrafos que sabiendo que esa tarde se promulgaría la Constitución, querían enterarse de cuándo y dónde iba a firmar Haya de la Torre el texto de la Carta. Para evitar filtraciones abandoné el local del Congreso a medio día estableciendo con Townsend la forma de comunicarnos. A las 2 de la tarde Townsend, respondiendo a una llamada telefónica mía, me dijo que en pocos minutos más se dirigirían a Villa Mercedes, el Oficial Mayor de la Asamblea señor Luis Chacón Saavedra y el edecán de turno capitán de navío Enrique Brain Valencia, llevando el texto de la Constitución para la firma de Haya de la Torre; no irían periodistas ni fotógrafos ni tampoco ningún miembro de la Junta Directiva. El acto sería estrictamente confidencial, consistiría en que Haya pondría su firma, indicando que lo hacía en Villa Mercedes. Los hechos se cumplieron tan al pié de la letra y a la hora exacta, 3 de la tarde; tan exacta que cuando Townsend, que ultimó los arreglos, llegó a Villa Mercedes con pocos minutos de retraso, ya salían con la Constitución firmada por Víctor Raúl los únicos personeros de la Asamblea admitidos para ese efecto, señor Chacón y el comandante Brain Valencia. Parece que en el acto estuvieron presentes Villanueva e Idiáquez. Me dijeron que una vez concluida la fugaz ceremonia, Haya exclamó: ‘Ya está’.

En el local de la Asamblea revisé el texto de la Constitución: la firma de Haya de la Torre aparece con caracteres vigorosos, más vigorosos y claros que nunca. Con pluma gruesa o plumón y tinta muy negra; el original se encuentra en el Archivo de Palacio de Gobierno. Poseo un ejemplar fotocopiado y hay otro que conserva Alberto Franco Ballester que atendió a la Comisión Principal durante todo su trabajo. La firma de Haya va precedida de la palabra "firmado en Villa Mercedes a 12 de Julio de 1979" y al frente un poco más abajo: "El Oficial Mayor del Congreso Luis Chacón Saavedra da fe de la autenticidad de la firma".

Enseguida está el decreto mío, acompañado por la firma de la Junta Directiva, promulgándose y poniéndose el cúmplase a la Constitución, en la forma que ésta prescribía, o sea el título primero y las disposiciones generales y transitorias que entraban a regir desde el 12 de Julio de 1979. El Texto restante se dejaba para entrar en acción a partir del 28 de Julio de 1980 en que el nuevo Presidente pondría el "comuníquese" y "publíquese".

Luego la Asamblea se volvió a reunir a las 5 de la tarde para escuchar la lectura de la Constitución ya suscrita simbólicamente por Haya y firmada por mí, la Junta Directiva y los Asambleístas que quisieron hacerlo. Firmaron sesenta y cuatro asambleístas; había ausentes cuatro. Yo promulgué la Constitución a las 6 de la tarde. Acto seguido los presentes entonaron el Himno Nacional..."

¿QUÉ CONSTITUCIÓN NOS MERECEMOS?

Es importante mencionar que falsamente se ha difundido la idea que de restituirse la Carta Magna de Haya de la Torre el país tendría inestabilidad en temas económicos y de otra índole. En el Congreso de la República, tiempo atrás una comisión especial presidida por Jorge del Castillo realizó un estudio sobre los efectos de un eventual retorno de la Constitución de 1979, y concluyó que el país no se vería afectado en su marcha con su vuelta a vigencia. El país no puede seguir rigiéndose bajo los designios de una Constitución espuria como la que Montesinos y Fujimori crearon para entronizarse en el poder.

Nos merecemos una Carta Magna hecha por hombres probos. Una Carta Magna que defienda los derechos de los trabajadores sobre todas las cosas. Por la memoria de Víctor Raúl y los mártires apristas que murieron por lograr un país justo, luchamos tenazmente por la vuelta de la Constitución de 1979. Esto nos ha costado sinsabores políticos, pero esas son vicisitudes anecdóticas que fortalecen aún más nuestra convicción.